miércoles, 29 de octubre de 2014

EL RENEGADO (2)

Un ángel caído llamado Daniel desafió a las fuerzas del bien y del mal al elegir su propio destino. Ahora, es un renegado que huye de su pasado y que intenta proteger a su hija de un futuro al que está predestinada. 


AÑO 1998

Mi nombre es Daniel, últimamente resido con mi familia en Argentina. Hace muchísimo tiempo, tanto como el que podáis imaginar, fui alguien muy diferente a quien soy ahora. Pertenecía a una familia, en la que todos cuidaban de todos, tenía unos hermanos, un padre… todos inmortales. Y muchos de ellos, con ganas de aprender cosas nuevas,  quizá ese fue el motivo de nuestra expulsión. Fuimos condenados a vagar por la tierra eternamente hasta que llegase el día de nuestra muerte. Sin embargo, y a pesar de que intenté por todos los medios regresar, se me cruzó por delante la oportunidad de mi vida de poder empezar de cero. Me enamoré de una mujer humana, como muchos de mis hermanos que habían sido condenados por lo mismo que yo. La diferencia está en que lo mío sí era amor, lo de ellos era vicio, lujuria, sexo.
El simple hecho de pensar que podría pasar toda mi vida junto a ella me hacía olvidar el monstruo en el que me había convertido, y todos los pecados que había cometido. El caso es que los caídos de segunda generación, formaron una organización que consistía en robar las almas de todas las personas que poblaban la tierra. Al principio aquello lo hacían con el objetivo de alimentar sus vidas, ahora mortales, y hacerse cada vez más fuertes, pero llegó un momento en que la organización o hermandad dio un giro radical. Los líderes profetizaron la destrucción del cielo. Llegaría un día en el que el mal reinaría sobre el bien, y los Cazadores de Almas podrían vengarse de Dios y de todos sus hijos. ¿Cómo? Eso solo lo saben los líderes.
Me reclutaron a mí pero me di cuenta a tiempo, cuando le quitaron la vida a mi amada Mirella, de que no servía para nada. Aún así, los Cazadores de Almas no dejaron de perseguirme de continente en continente, queriendo acabar conmigo, hasta que, mucho tiempo después, en el año 1985 conocí a una mujer llamada Penélope. Traté de mantenerme alejado de ella, porque sabía que si no lo hacía, podría lamentarlo. Sin embargo, cuando le expliqué y le expuse que yo era peligroso y el por qué lo único que hizo fue decirme que quería estar conmigo y que aguantaría cualquier cosa para ello. Nos casamos en una ceremonia privada en 1989 y en mayo del 95 tuvimos una hija a la que pusimos de nombre Lilian, que significa “como la flor de lirio”, que simboliza la pureza y la belleza.
Era una niña preciosa y en seguida me sentí como un padre de verdad. Lo único que me preocupaba era que mi hija pudiera heredar algunos de mis poderes o que la tomaran con ella solo por ser mi hija.  Por un tiempo, los Cazadores de Almas nos dejaron tranquilos, hasta que Lilian cumplió los cuatro años, que fue cuando,  sin hacer las maletas ni nada, tuvimos que mudarnos a la otra punta de América con los Cazadores pisándonos los talones.


-¡Despierta! ¡Vamos, despierta!-Penélope se incorporó de inmediato al escuchar los gritos de alarma de su marido-¡la casa está en llamas!
Penélope se precipitó hacia la puerta con los pies descalzos y el camisón blanco que le llegaba por las rodillas.
-¡Coge a la niña! ¡Yo voy a buscar una salida!
Penélope salió de la habitación pero el humo aumentaba a cada segundo y cada vez era más difícil respirar. Se cubrió la nariz y la boca con el brazo y trató de caminar pegada a la pared. La habitación de Lilian se encontraba cerca, pero los Cazadores de Almas habían ocupado la casa y era difícil divisarlos entre tanto humo, fuego y ceniza. Tuvo que enfrentarse a uno de ellos, y derribarlo de un golpe en el cuello, empujándole después por las escaleras. No fue fácil, ya que aquellos hombres eran fuertes, musculosos y pertenecían al mundo de las sombras.
Al fin logró llegar al cuarto de Lilian, aunque para entrar tuvo que empujar la puerta con todas sus fuerzas. Penélope despertó a Katherine, hija de su primer marido y cogió a Lilian en brazos, protegiéndola con su cuerpo. Al salir se encontró a Daniel, peleando en el piso de abajo con tres hombres que lo habían acorralado en medio del fuego. Sus patadas eran certeras y fugaces. Penélope vio como reventaba a uno la nariz y como le rompía a otro el brazo.  Daniel se las apañaba bien, pero tenía que salir de ahí cuanto antes.
-¡Daniel!-gritó su esposa desde el piso de arriba. El fuego las tenía prisioneras y no podían ir a ninguna parte. Daniel se alejó de sus perseguidores y de un salto llegó al lado de su esposa, cogió a su hija en brazos y empujó a Penélope que agarró a Katherine del brazo. 
-¡Rápido! ¡Tienes que saltar!-le dijo cuando estuvieron delante de la ventana.
-¿Qué? ¡nos mataremos!
-¡confía en mí!
Penélope cerró los ojos. No lo pensó dos veces, se acercó a la ventana y se precipitó hacia abajo con Katherine en brazos. Daniel echó un último vistazo hacia atrás, en el momento en que los Cazadores entraban en la habitación como un rayo. Uno de ellos alargó un brazo para alcanzarle pero Daniel fue más rápido.
Abajo les esperaba un coche con una mujer en el asiento del conductor. Cuando el coche comenzó a alejarse con todos dentro, la casa estalló en mil pedazos. Fue una explosión que les hizo recordar que, otra vez, tendrían que empezar una nueva vida. 




Continuará...

1 comentario:

  1. Bueno, ahora me dejas con la intriga. Muy bien redactado. Me gustó. Quiero leer más ;)

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