sábado, 25 de octubre de 2014

NUESTRA CANCIÓN


Todos hemos sufrido alguna vez por un amor no correspondido. Esta es la historia de Ainara, una adolescente que desea con todas sus fuerzas que Alex se fije en ella. 


CAPÍTULO UNO

Esa noche, Ainara soñó con él. Su cuerpo tembló al entrar en contacto con sus manos, al sentir sus labios rozar su piel desnuda.
Se estremeció al escuchar su voz susurrarle algo al oído y sonrió al mirarle a los ojos. No podía creer que hubiera alguien en el mundo con una mirada tan profundamente hermosa.
Le rodeó el cuello con los brazos y permitió que él hiciera lo que quisiera con ella.
Todo el mundo se había sumergido en un silencio sepulcral y Ainara deseó por un momento que nunca despertara de aquel sueño, porque aunque parecía tan real, solo era eso… un sueño. Un ridículo y estúpido sueño. Él nunca la querría, y eso hacía que le doliera el pecho. Cada vez que ella lo miraba, cada vez que hablaban de lo que fuera… sentía su sueño más inalcanzable.

 Cuando despertó por la mañana, ya eran casi las 12:00. Había quedado con Alex justo a esa hora y no podía permitirse llegar tarde ni que él pensara mal de ella. 
Se levantó de un salto dejando la cama sin hacer y se vistió a toda prisa. Abrió su armario de par en par y sacando todo lo que allí había se decantó por unos short y una camiseta de tirantes. Después de ponerse las botas se dirigió al baño y se maquilló deprisa y corriendo. No podía vivir sin maquillaje, sin él se sentía diferente, rara, y no podía soportar que AleX la viera con distintos ojos al resto de los días.
Salió corriendo de casa y cogió su bicicleta para pedalear hasta el bar donde trabajaba su amigo. Miró el reloj unas diez veces antes de llegar a su destino, y aún así faltaron unos minutos antes de la cita.
Bajó de la bicicleta de un salto dejándola de mala manera en el suelo y entró en el bar donde Alex la esperaba sentado en una de las mesas. Se acercó a él con una sonrisa y sin pensárselo dos veces le dio un fuerte abrazo.
-Cuanto tiempo-dijo entonces Ainara, apartándose un mechón de pelo que le molestaba.
-Pero si nos vimos ayer, y antes de ayer-Alex parecía confuso, pero su radiante sonrisa no desapareció.
-Pues a mí me han parecido décadas.
Alex soltó una pequeña carcajada y le ofreció a Ainara asiento, mientras le hacía señas a uno de sus compañeros para que les atendiera.
-Bueno, ¿Qué tal has dormido?-le preguntó entonces Alex a Ainara y esta levantó la mirada desconcertada, dudando de si le había leído la mente o no.
-Pues… bien, nunca he dormido mejor.
Entonces recordó el maravilloso sueño que había tenido la noche anterior y sonrió para sus adentros. Observó a Alex con detenimiento y respiró profundamente.
“Ojala se hiciera realidad”, pensó, “es lo que más deseo en este momento”.
Raul, uno de los camareros compañeros de Alex se acercó a la mesa con una libreta y un bolígrafo. Alex se había tomado una hora libre para charlar con Ainara y mientras miraba la carta de desayunos, la chica lo observaba con disimulo.
                      
Veinte minutos más tarde ambos estaban desayunando y Alex le contaba a Ainara sus sueños y planes de futuro.
-Hace un par de meses subí un par de videos a youtube… no veo muchos resultados.
-¿Pero qué es lo que quieres conseguir exactamente?
-No lo sé. Necesito salir de este agujero. Quiero que la gente me conozca, que reconozca lo que hago… yo no he nacido para servir mesas Ainara.  
La muchacha bajó la cabeza pensativa y apenada por su amigo. Lo sentía de verdad. Ella deseaba lo mejor para él, pero no quería perderle, y si se hacia famoso casi no lo vería.
Optó por animarle.
-He escuchado tu música. Me encanta. No he visto a nadie… no he conocido a nadie que le ponga tanto sentimiento, tanto empeño… no te rindas Alex, no debes dejar de intentarlo, nunca se sabe lo que puede ocurrir mañana.
Alex dejó escapar una leve sonrisa y con lágrimas en los ojos asintió. Ainara tenía razón, no iba a dejar aquello. La música era su vida, su pasión, su todo.
-Gracias.
Ainara sonrió, aunque más bien era una mueca, porque por dentro estaba fastidiada. Se sentía bien por apoyar a su amigo, al hombre del que ella estaba enamorada, pero no dejaba de pensar en qué iba a ser de ella si un día llegaba a lograr todo lo que él le contaba. Ella no lo soportaría. Le necesitaba, necesitaba tenerlo cerca, y esperaba el momento adecuado para decírselo.
Alex se terminó el café de un sorbo y Ainara dio un último bocado a la tostada.
-¿Cuánto te debo?
-Nada, nada-respondió él-te invito yo.
Ya se disponían a despedirse cuando Alex le mencionó a Ainara su cumpleaños.
-¿Me has invitado no?
-Claro ¿Por quien me tomas?
-¿Cuántos cumples?
-18.
-Caray. Ya eres mayor de edad. Tengo el regalo perfecto para ti. 
-Estupendo, estoy deseando que llegue mañana.
“Para volver a verte”.







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