viernes, 28 de noviembre de 2014

EL RENEGADO (4)

Un ángel caído llamado Daniel desafió a las fuerzas del bien y del mal al elegir su propio destino. Ahora, es un renegado que huye de su pasado y que intenta proteger a su hija de un futuro al que está predestinada.



Aquella calada le supo amarga, quiero decir más de lo normal. Su mirada se paseó por la calle oscura sin buscar nada en especial. Las ojeras maquillaban sus ojos y sus labios habían comenzado a agrietarse. Penélope ya habría solucionado ese problema con sus besos. Dio otra calada a su cigarrillo, lentamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo, y soltó el humo por la boca muy despacio, juntándose con el aire frío de la noche. En ese mismo instante se oyó el ruido de una puerta al cerrarse, y no hizo falta que Daniel se diese la vuelta para saber de quién se trataba. El olor a azufre, muy típico de los demonios y el sonido de los tacones al rozar el suelo de piedra mojado.
-¿Y bien?-inquirió saber él sin volverse. Tiró el cigarrillo al suelo y esperó una respuesta.
-Los Cazadores de Almas se están fortaleciendo-respondió una voz femenina a sus espaldas.
-Dime algo que no sepa.
-Necesitaremos algo más que un ejército para detenerles.
-¿Qué propones, pues?
La mujer comenzó a caminar. Daniel escuchó de nuevo los tacones chocar contra el suelo. Se situó frente a él y lo miró fijamente a los ojos. Como siempre, su amiga iba vestida de forma atrevida y, aunque no se viera, estaría armada por todos lados.
-Ellos están formando una alianza con los demonios, lo que solo puede significar una cosa-hizo una pausa para despertar en Daniel la intriga, pero él no se inmutó-tienen algo grande entre manos y temen que sus planes sean frustrados. Eso, o quieren compartirlo con alguien poderoso.
-¿te refieres a Lucifer?
-puede ser.
-¡Eso es imposible! ¡Lucifer está…!
-lo sé, pero no podemos descartarlo todavía.
Daniel suspiró y se volvió hacia el coche donde se encontraba apoyado para apoyar las manos y poder pensar con claridad. Le venían a la mente un sinfín de cosas, su hija, su mujer, su condición de ángel caído, la organización Cazadores de Almas… probablemente no volvería a ver de nuevo a su familia y eso le rompía el corazón en mil pedazos.
-Daniel… ¿Qué propones que hagamos?
Daniel volvió a girarse y la miró fijamente a los ojos. Ella le devolvió la mirada, entendiendo lo que esta le transmitió.
-Si los Cazadores de Almas forman una alianza con los demonios, nosotros formaremos una alianza con los ángeles.
-¿¡Qué!? Antes muerta que aliarme con esa secta.
Daniel la fulminó con la mirada y se calló enseguida. Se produjo un silencio entre ellos y al cabo de unos segundos él dijo:
-Es la única solución.
-Tiene que haber otra forma. Los ángeles siempre pasan de todo. Nos echaron del cielo, y porque logramos escapar de ese infierno que si no ahora estaríamos mucho peor.
-Ninlil. No olvides que tanto tú como yo fuimos ángeles en otro tiempo.
-Ya ni me acuerdo de eso.
Había comenzado a levantar la voz y Daniel la mandó callar con un gesto. La agarró del brazo y la obligó a agacharse y esconderse detrás del coche. La puerta del local acababa de abrirse y dos personas habían salido al exterior. Iban vestidos de negro y llevaban una gorra, también negra, como si fueran guardas de seguridad.
-Haremos lo que tengamos que hacer. En primer lugar, entraremos ahí-y le contó al oído lo que tenía pensado.
Minutos más tarde los dos se levantaron del frío y húmedo suelo y como si tal cosa, caminaron hacia los dos hombres que se encontraban fumando unos cigarrillos frente a la puerta. Cuando los vieron llegar se sacaron del pantalón unas pistolas y apuntaron hacia ellos con actitud amenazadora.
-¿Quiénes sois? ¡identificaros!
Como ninguno de los dos quiso hablar los hombres apretaron los gatillos. Ninlil no se apartó del campo de visión de los dos hombres.  Continuó caminando, mientras cruzaba los brazos alrededor de la cintura para sacar dos espadas relampagueantes de rojo fuego infernal. Se acercó muy decidida con ellas hasta que estuvo a unos pocos metros de distancia, y de un solo movimiento de los brazos ambas se hundieron con una precisión milimétrica en el traje de los hombres. Acto seguido la sangre salpicó su cara, pero no la importó. Es más, aquello la hacía sentir viva, como una guerrera. Daniel, al contrario que ella, trató de parecer un poco desapercibido ya que al ser un ángel caído podría morir más fácilmente. Cuando los dos hombres estuvieron en el suelo se dispusieron a desnudarles para ponerse sus ropas y poder pasar desapercibidos dentro del local.
Ambos respiraron profundamente antes de entrar. Ella lo hizo primero, escondiendo bien las espadas y su melena negra bajo la gorra.
Caminaron por un largo pasillo y muy, muy sucio. Por él correteaban ratas y otros animalillos y olía a  meado de gato. Daniel y Ninlil llegaron al final del pasillo donde había una puerta.
-¿Qué hacéis ahí?
Como un acto reflejo, ambos se dieron la vuelta y vieron a un hombre vestido no muy diferente que los otros y con el colgante de la estrella de cinco puntas muy a la vista. Ninlil se preparó para sacar sus espadas.
-Llegáis tarde. Los líderes están esperando.
Al oir aquello los dos se tranquilizaron y sus corazones volvieron a latir con normalidad. Volvieron a girarse, y aparentando tranquilidad entraron dentro de la sala donde había una mesa rectangular y cinco hombres sentados.
-Vamos, daos prisa. No tenemos todo el día-dijo el hombre que presidía la mesa. Aparentaba unos 30 años y su sonrisa era de lo más demoledora. Sus ojos parecían inyectados en sangre y sus manos no parecían manos, sino garras.
Daniel y Ninlil se sentaron, todavía sin saber cómo aquellos tipos no les habían reconocido.
-Muy bien ¿ya estamos todos?
Todos asintieron sin pronunciar una sola palabra. Aquel ambiente era siniestro y ponía los pelos de punta.
-Perfecto. Como ya sabéis tenemos pensado formar una alianza con los demonios. Por supuesto todo esto es temporal, nosotros somos perfectamente capaces de llevar a cabo cualquier plan. Pero este, precisamente este, quiero compartirlo con nuestros hermanos.
Como nadie lo interrumpió, siguió hablando.
-Bien. Ayer estuve reunido con uno de los jefes superiores de todo el infierno y está de acuerdo en echarnos una mano. Por lo visto tanto ellos como nosotros tenemos el mismo objetivo; derrocar al cielo.
Uno de los presentes levantó la mano y el otro tipo le dirigió una mirada, indicándole que hablara.
-¿y no nos traicionarán? los demonios son rastreros, mentirosos y aprovechan cualquier oportunidad para…
-Mi querido Hakael. Si uno te traiciona, te lo cargas.
Ninlil hizo todo lo posible por no partirse de la risa cuando escuchó aquello. ¿Es que ese tipo no sabía dónde se estaba metiendo?
-Pero Semyaza.
-¡Pero nada! Si vuelves a preguntar algo tan estúpido te arrancaré el corazón del pecho.
Hakael tragó saliva, y Semyaza paseó la mirada por todos los presentes.
-Bien, si ya no hay más preguntas… Entonces os contaré nuestro plan-y tras decir aquellas palabras mandó llamar a unos demonios que habían venido para traer una maqueta de lo que se suponía iba a ser el plan de los Cazadores de Almas.
Daniel y Ninlil aguardaron en silencio, con el corazón en un puño.  Luego, correrían a contárselo todo a los ángeles.
La puerta trasera se abrió y entraron dos hombres encapuchados con una maqueta cubierta por una sábana gris. Afuera estaba lloviendo por lo que ambos estaban empapados y en la calle se oía el chapoteo de la lluvia.
-Bienvenidos-los saludó Semyaza.
Los hombres asintieron con la cabeza a modo de saludo y uno de ellos se acercó para colocar la maqueta encima de la mesa.
-Caballeros-dijo Semyaza-preparaos para el Nuevo Mundo.
Y Quitó la sábana de encima de la maqueta. Se escuchó un “¡ohhhh!” por toda la sala y Daniel y Ninlil contuvieron la respiración. Aquello era… aquello era el Apocalipsis.
-¿Qué os parece?
Y todos aplaudieron, todos excepto los dos intrusos que se habían quedado paralizados.
Después, Semyaza se dirigió a los dos hombres y se dispuso a presentarlos. Ninlil sabía que no eran humanos, tampoco ángeles caídos, sino demonios. No lo supo por el olor, ya que un demonio no distingue el olor de otro. Lo supo por el porte, la majestuosidad con la que se movían.
En ese momento, los dos se desprendieron de sus capuchas. Ambos tenían el pelo negro, los ojos rojos y una mirada penetrante y mortífera, típica de los demonios. El de la derecha aparentaba unos 18 años y no se inmutó cuando notó todas las miradas de los ángeles caídos en él.
Cuando lo reconoció, Ninlil no supo si reír o llorar, pero no pudo contenerse.
Se levantó con el corazón acelerado y casi a punto de explotar.
-¡Eres tú!-dijo-¡eres tú de verdad!
Daniel se quedó anonadado mirando a su compañera, como si hubiera perdido el juicio, pero para cuando esta se dio cuenta ya era tarde. Los dos hombres más cercanos se acercaron a ella y la agarraron fuertemente de los brazos. La quitaron la gorra y su larga melena cayó a su espalda. Esta vez, Daniel no pasó desapercibido. No vio venir las manazas de aquel tipo que le quitaban la gorra y dejaba su pelo rubio a la vista de todos.
Semyaza sonrió y el resto de los hombres aguardaron en silencio.
-Vaya, vaya, vaya. ¿así que por fin te has decidido a regresar a nosotros?
Daniel no respondió, no porque no quisiera, sino porque añoraba a su familia y quería volver a verlos.
-y has venido con una amiga.
-Ella no tiene nada que ver con esto. Dejadla en paz.
Semyaza rio de buena gana, y los demás con él. En cambio, los dos demonios permanecían serios, como si nada.
-Llevadlos a los calabozos-dijo, dirigiéndose a los dos hombres que les tenían sujetos, después se dirigió a ellos-tengo grandes planes para vosotros.
Y dicho esto los dos fueron arrastrados por los pasillos, les arrebataron sus armas y les arrojaron a unos apestosos y oscuros calabozos.
Al cabo de media hora, la cual se les hizo eterna, Daniel no pudo más y tuvo que preguntar.
-¿Quién era?
-mi hijo-respondió sin mirarle.
-¿Tu hijo?
Ella asintió.
-No lo veo desde que conseguí escapar del infierno. Todo el mundo me creyó muerta y desde entonces no he sabido de él.
-¿y como sabes que se trata de tu hijo?
Esta vez, Ninlil sí lo miró a los ojos y él se conmovió.
-una madre sabe esas cosas.
Entonces se escucharon los cerrojos y apareció en la puerta un hombre con un arma que apuntaba a Ninlil en la cabeza.
-Vamos, preciosa. Acompáñame.
Ninlil y Daniel se miraron por última vez y ella se levantó, con lágrimas en los ojos y su corazón ardiendo por la desesperanza de que no volvería a ver a ninguno de sus hijos.
Cuando la puerta se cerró, Daniel se encogió sobre sí mismo. El próximo sería él, y esta vez no habría escapatoria. No volvería a ver a su preciosa niña, ni a su mujer, a la que amaba.
Cerró los ojos para reprimir las lágrimas cuando la puerta volvió a abrirse y volvió a aparecer el mismo hombre que se había llevado a Ninlil, con una espada de un brillo rojizo con el filo cubierto de sangre.
-Acompáñame-ordenó.

Daniel obedeció. Se levantó lentamente y se acercó a paso lento hacia aquel tipo. Alargó los brazos juntando las muñecas, indicándole que le esposara. El hombre se encogió de hombros y se acercó a él, lo agarró de las muñecas con fuerza y fue a esposarlo. Fue entonces cuando Daniel le rodeó el cuello con los brazos y apretó con fuerza. Sonó un clack, que indicaba que le había roto el cuello. Entonces salió corriendo. Corrió y corrió como no lo había hecho nunca con la esperanza de llegar cuanto antes al lado de su mujer y de su hija. Lo que había visto hoy en aquel lugar debía contárselo cuanto antes a los ángeles. Desde ese momento, estaban en guerra. 







No hay comentarios:

Publicar un comentario