sábado, 21 de febrero de 2015

Cuando te encuentre (1)

Ángela y Miriam son amigas desde la infancia, lo conocen todo la una de la otra. Lo hacen todo juntas y nunca se guardan secretos. Por eso, cuando a Miriam la deja su novio le declara la guerra a los hombres.
Entonces, las dos amigas deciden hacer un pacto Nunca, pase lo que pase, caerán en brazos de ningún gilipoyas. Fueron las palabras de Miriam, días antes de que Ángela tuviera un encuentro casual con un joven en un starbacks.
Ángela   

Miriam cree en esos disparates de que si pides un deseo a una estrella fugaz se cumplirá, o que si llevas algo que pertenece a ese chico que te gusta, al día siguiente será tuyo. Hace una semana, empezó con un teoría nueva; si escribes en un trozo de papel todo lo que quieras que tenga tu hombre ideal y lo quemas con una vela, se hará realidad. Y adivinad qué. ¡Lo hicimos! Miriam escribió su estereotipo de hombre ideal: cariñoso, sensible, apasionado, que sea una fiera en la cama (cosas de Miriam)... Y lo quemamos con el fuego de una vela. Para mi sorpresa, en dos días Miriam comenzó a salir con un chico llamado Rodrigo. Era guapo, cariñoso, sensible, apasionado, y según Miriam, un completo terremoto bajo las sábanas.
El problema es que todos (sobre todo los hombres) tenemos defectos, y solemos enamorarnos de la persona menos indicada, y a veces la persona indicada no es el hombre ideal que tú esperabas.
En fin... que Rodrigo dejó a Miriam por otra y ella le declaró la guerra al sexo masculino. ¡Mujeres al poder!
No es fácil mantener la llama del amor encendida, aunque lo que Miriam me hizo jurar después... tiene tela.
-Nunca, pase lo que pase, caeremos en brazos de ningún gilipoyas-y con gilipoyas, quería decir hombres. Ay, los hombres, tan diferentes de nosotras... a veces incluso muchas mujeres pensarían que vienen de otro planeta.
Miriam, por ejemplo, piensa que vienen de un planeta llamado sexo. Creo que se pasa un poco, ellos también son personas. Supongo que el tipo de hombre ideal está en peligro de extinción.  Vamos, digo yo que por ahí tiene que haber algún chico cariñoso, sensible, apasionado, romántico...
Esto... ya os aviso si conozco a uno.

-¡Madre mía!-grita Claudia cuando pasa la página de la revista y lo ve-¡Esto sí que es un hombre!
Miriam le arrebata la revista y lo observa.
-¿William Levy? Buah, del montón-y se la lanza a la cara.
Claudia y yo nos miramos y a mí se me escapa una sonrisa.
-Pues yo le daría un buen meneo.
-¿y si no quiere nada contigo?-le pregunto, con sorna.
-le violo-dice, tan pancha.
Conozco a Claudia desde que entré en primero de bachillerato. Solo la conozco desde hace un año, al igual que Miriam pero es una chica estupenda y no se corta un pelo. Está acomplejada por sus pechos porque dice que son demasiado pequeños como para que un chico se fije en ellos. En mi opinión, eso es subestimar a los hombres demasiado. Yo soy de las que piensa que todos tenemos dos caras, la parte oscura que incluye nuestro mal carácter nuestra "maldad" y esa impulsividad que nos lanza a la lujuria, y la parte bondadosa en la que está todo lo bueno que hay en nosotros.   
Hemos tenido una tarde de chicas que ha terminado en el centro. Claudia habla sin parar y Miriam hace gestos obscenos cada vez que ve a dos enamorados besarse. Que romántico, pienso yo, pero no lo digo en voz alta.
Pasamos por delante de un starbacks y Claudia nos arrastra a las dos. Nos sentamos en una mesa y esperamos mientras ella va al baño.
-Esto es un asco-dice Miriam apoyando el mentón sobre una mano y el codo en la mesa.
-¿El qué?
-Todo. Los exámenes, el instituto, la gente...
-¿Y eso a qué viene ahora?
-No lo sé. Me aburro, simplemente.
Claudia regresa del baño y se sienta al lado de Miriam, coge la carta y comienza a ojearla. Al cabo de unos minutos, Miriam me da unos golpecitos en el brazo para que la atienda.
-No te alarmes, pero hay un tío que no para de mirarte-Claudia mira detrás de mía y sonríe.
-Es verdad. ¡Joder! Está como un tren.
Abro mucho los ojos y me doy la vuelta para mirarle y ver de quién se trata.
-Ala. Eso es lo que yo llamo discreción-dice, irónica.
Me vuelvo hacia ella y respiro hondo, y otra vez, muy despacio, vuelvo la cabeza  hacia la mesa en la que se encuentra el chico.
No me está mirando. Se encuentra leyendo un libro tranquilamente. Claudia tiene razón, parece bastante guapo, aunque como lleva la gorra no puedo afirmarlo. Va vestido con unos vaqueros, unas deportivas y una camiseta ancha de color blanco. Entonces, el joven levanta la mirada y sus ojos se encuentran con los míos. Me giro rápidamente hacia delante y trato de mantener a buen ritmo los latidos de mi corazón. Esto es absurdo, ni siquiera sé su nombre, no he hablado con él, no sé quién es, y ya me estoy poniendo mala.
-¿Estás bien?-me pregunta Claudia-pareces estar a punto de sufrir un infarto.
-¿Quieres que nos vayamos?-me pregunta Miriam y yo niego con la cabeza.
-No, voy un momento al baño.
Me levanto y haciendo de tripas corazón corro hacia el cuarto de baño pasando por delante de la mesa de aquel chico. Una vez en el servicio me refresco la cara con agua fría y respiro hondo antes de volver a salir.
Cuando regreso a la mesa, me doy cuenta de que el chico ya no está. Me siento bastante aliviada.
-¿Que queréis?-les pregunto a mis amigas.
-yo un capuccino-dice Claudia.
-y yo un café con una ensaimada.
Me doy la vuelta escribiendo una nota mental para que no se me olvide nada y me pongo a la cola. Yo pediré un capuccino y algún bollo que tenga chocolate. Mi móvil en mi bolsillo comienza a pitar, avisándome de que alguien me está mandando SMS. Saco mi móvil y leo el mensaje.

No llegues muy tarde, que tienes que hacer la cena. 

Es mi madre, que todavía no ha aprendido a usar el whattsap.

Estoy en un starbacks con Miriam y Claudia, llegaré a eso de las nueve y media. 

Le doy a enviar y justo antes de guardarme el móvil en el bolsillo, el tío que está delante se da la vuelta, se tropieza conmigo y me tira su café encima. El móvil se me escurre de las manos estrellándose contra el suelo y yo me quedo petrificada. Mi camiseta nueva, a la mierda.
-Lo... lo siento-se disculpa él y se agacha para recoger mi móvil.
-¡Eres un capullo!-le grito, pero cuando se levanta para darme el móvil le veo la cara. Ambos nos quedamos sin hablar un momento.
-Perdóname, no te había visto. Te pagaré la camiseta-me dice y comienza a rebuscar en su cartera.
-No, si no hace falta-le digo cada vez más nerviosa-yo... yo tengo que irme.
Me doy la vuelta y camino rápidamente hacia la puerta. Mis amigas se levantan y me siguen, y ese chico, del que no sé nada, ni siquiera su nombre, me observa mientras yo me alejo.      


Continuará...

No hay comentarios:

Publicar un comentario