viernes, 12 de junio de 2015

Alzar el vuelo (prólogo)

Angélica acaba de ver morir a su padre en una fría sala de hospital. La última promesa que le hace antes de morir es que cumplirá su sueño: convertirse en una famosa bailarina de ballet.
Sin embargo, todo se tuerce cuando la madre de Angélica se pone enferma y ella tiene que ayudarla en su trabajo, dejando así sus clases de baile.
¿Conseguirá Angélica su sueño?
Alzar el vuelo es una historia conmovedora donde el destino, los sueños y la perseverancia encuentran el camino hacia el éxito.
Mi nombre es Angélica. Soy la típica adolescente que nunca ha roto un plato. Creo que por eso me pusieron ese nombre. Aunque lo cierto es que he roto más de un plato. No soy la santa que mi madre cree que soy. El año pasado le robé a mi madre unas pastillas y las vendí por mi instituto.
También conseguí que dos de mis amigas se pelearan y hoy por hoy todavía no se hablan, y de eso han pasado ya seis meses. También fue mi culpa que nuestro vecino perdiera cinco mil euros. No me preguntéis cómo, no viene al caso.
Lo que sí importa es que mis padres querían atarme en corto, bueno, eso al principio. Luego mi padre comenzó a documentarse sobre lo que podría inhibir esos impulsos que me daban a veces. Me espiaba ¿sabéis? y descubrió que me encanta el ballet. Sí, el ballet siempre fue mi sueño.
Pero como un sueño, siempre es inalcanzable. Al salir del trabajo una noche mi padre pasó al lado de una prestigiosa escuela de ballet para documentarse. Ese iba a ser el mejor día de mi vida. Me apuntó a clases y cuando llegara a casa me daría la sorpresa. Pero él no llegó. En el reloj dieron las doce, después la una y las dos de la madrugada. Mi madre estaba preocupada. Le había llamado al móvil mil veces y él no respondía. Yo sabía que si le hubiera pasado algo habríamos recibido alguna llamada.
Esa llamada llegó. A eso de las tres y media de la madrugada nos encontrábamos camino del hospital. A mi padre lo habían atracado y estaba muy grave. Mi madre rezaba y yo estaba en estado de shock.
En el hospital, mi madre apretaba la mano de mi padre tratando de no llorar mientras yo observaba como exhalaba su último aliento.
Mi padre murió aquella noche.No se despidió de nosotras. Los médicos lo habían sedado para que no sufriera. Pero nos había dejado sin seguro y puesto que el sueldo de mi padre era lo único que nos mantenía a ambas, mi madre tuvo que buscar un trabajo y yo, olvidarme de las clases de ballet, para poder ayudarla. Sin embargo, la noche antes le había prometido a mi padre que conseguiría mi sueño, que lograría convertirme en una gran bailarina. No sé cómo iba a lograrlo después de esto. ¿Alguna idea?

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