viernes, 23 de octubre de 2015

ESPERA



Al llegar a mi facultad me senté en uno de los bancos a leer un rato. Necesitaba despejarme, no sé de qué, pero el caso es que sentía mi mente llena y necesitaba vaciarla.
No sé cuánto tiempo pasó desde que me senté hasta que levanté la vista del libro pero me pareció una eternidad. Aún faltaba media hora para entrar en clase por lo que saqué mi móvil y busqué en contactos, hasta que le encontré. Quería agradecerle que me regalara aquel libro, la verdad es que me estaba encantando.

Hola, muchas gracias por regalarme el libro, me está gustando mucho. A ver si nos vemos y lo comentamos ; )

Al ver que tardaba tanto en responder guardé mi móvil en el bolsillo y al cabo de media hora me dirigí a clase y me senté en mi sitio. Saqué mis apuntes y comencé a hojear los del día anterior. Entró la profesora y yo aproveché que se giraba hacia la pizarra para volver a sacar mi móvil y ver si me había escrito. Aún no. Suspiré. Seguramente estaría ocupado. Dejé mi móvil sobre la mesa y traté de prestar atención a lo que la profesora explicaba.
Tras quince minutos volví a mirar a ver si me había escrito. Los dos tick se habían vuelto azules lo que indicaba que ya lo había leído. ¿Por qué no había respondido? A lo mejor seguía ocupado. Pero estaba en línea. ¿Y si estaba hablando con alguien? ¿Una chica? No, él me dio a entender que no tenía novia.
Esperé unos minutos más hasta que por fin comenzó a escribir y mi corazón se aceleró. Sabía que la profesora me estaba mirando pero en ese momento me daba igual.

Hola. Me alegro de que te esté gustando. Hablamos.


En ese momento mi corazón se detuvo. ¿Cómo? ¿Porqué me había mandado aquel mensaje? A lo mejor estaba ocupado y no tenía tiempo de escribirme más.
Leí el mensaje una y otra vez para comprobar que no tuviera doble sentido, pero no, por más veces que lo leía solo conseguía angustiarme. Las lágrimas recorrieron mis mejillas, veloces, ardientes, apreté el móvil en mi mano y traté de respirar con normalidad pero miles de pensamientos se agolpaban en mi mente. Deseaba gritar.
La profesora explicaba no se qué de los tartessos pero yo había desconectado completamente.
Veía a ciegas a mis compañeros tomar apuntes pero yo no tenía fuerzas. Solo podía pensar en él, en las incontables veces que había imaginado su cuerpo contra el mío, sus manos acariciando mi piel, su boca sobre la mía.
Suspiré profundamente. Saqué un folio de papel y me puse a escribir. Escribir siempre conseguía relajarme. Necesitaba soltar todo lo que tenía dentro. Compuse una poesía.

Al salir de clase ese día, a eso de las 19:00 caminé rápidamente hacia el metro. Necesitaba llegar a casa cuanto antes y meterme en la cama a dormir, hasta el día siguiente. Me puse los cascos en los oídos y la música a todo volumen para no escuchar mis pensamientos, pero cuando estoy triste solo escucho baladas románticas lo que me provoca más llanto.
Entonces empecé a darle vueltas. No se conectaba al whatsapp desde las 17:00 lo que podría significar que estaba con alguien. ¿sus amigos? ¿una chica? ¿estarían haciéndolo?
¿Y si le mando un mensaje? No, podría pensar que soy muy pesada. Pero me haría salir de dudas.
¿Y si le mando un mensaje con alguna excusa? Aunque he leído que no debemos mandar un mensaje a un tío dos días seguidos. ¿Será verdad? Luego somos nosotras las difíciles.
El móvil me vibró en el bolsillo y mi corazón comenzó a latir con fuerza. Lo saqué rápidamente y miré de quién se trataba. No era él, sino un grupo en el que estaba metida. Otra vez las lágrimas comenzaron a aflorar al borde de mis ojos.
Cuando llegué a casa empecé a afrontar que ya no iba a hablarme. Me guardé el móvil de nuevo en el bolsillo y me sequé las lágrimas. De ninguna manera podía dejar que mi madre me viera llorando, me haría un montón de preguntas sobre el tema y lo único que quería en ese momento era dormir.
Subí a casa casi arrastrando mi cuerpo por las escaleras. Mi madre salió de la cocina y al verme correr hacia mi cuerto me detuvo.
-Ey,ey, ey. ¿A dónde vas? Pon la mesa que vamos a...-se calló cuando me giré y vio que tenía los ojos llorosos.
-No tengo hambre. Me voy a acostar.
-¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué te ha pasado?
-Nada.
-Venga, cuéntamelo. Soy tu madre.
"por eso", pensé.
Se acercó a mí mirándome fijamente mientras trataba de leerme la mente. Llegó un momento en que no pude más. Sin saberpor qué, rompí a llorar y ella me abrazó sin hacer preguntas.



Continuará...








 








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